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La insignia
21 de diciembre del 2002


Crisis en Argentina

Camino a la intolerancia


__SUPLEMENTOS__
Crisis en Argentina

Héctor Timerman
Publicado originalmente en Bae.
Argentina, diciembre del 2002.



Hace exactamente un año asistimos a la explosión del hartazgo. Amplios sectores de la sociedad hicieron sentir la bronca acumulada por la situación en que se encontraba el país producto de años de desencuentros entre distintos sectores pero principalmente entre la gente y la dirigencia política. Es posible que algunos actos de vandalismo fueron parte de una estrategia política pero nada hubiese sucedido si la bronca no fuese genuina.

Es posible entender el proceso de deterioro en la relación entre la gente y los gobernantes. A quién, sino a quienes fueron elegidos, se lo puede hacer responsables por el desempleo, la desnutrición, la confiscación de la propiedad privada, la destrucción de la educación, la salud, y la seguridad. Aun aceptando que se cometieron errores o que la situación económica internacional fue adversa al país es imposible admitir que el fracaso haya sido acompañado de corrupción, falta de justicia, crecimiento de la inequidad, desprotección de los más débiles, y también menosprecio de los políticos por la opinión pública.

Un año después de aquel grito de desesperación de la sociedad todo sigue igual o peor. Especialmente la ceguera de la clase política para comprender el rechazo que genera. Fernando de la Rúa renunció pero nada cambió.

Los políticos parecen enfrascados en lograr el descrédito de la política. Una actitud más esperada de los autoritarios que desdeñan la democracia que de quienes, en definitiva, dicen defender.

En el periódico electrónico español La Insignia (www.lainsignia.org) se puede leer un profundo artículo del escritor mejicano Carlos Fuentes contra la intolerancia política tanto de izquierda como de derecha. Digo un profundo artículo pero debería agregar que además muestra la valentía del autor en denunciar a la banda criminal ETA y al autoritarismo de Hugo Chávez junto al creciente extremismo neofascista europeo. Hay en dicho artículo un concepto que debiera comenzar un debate en la Argentina. "La política, como la naturaleza, no tolera el vacío. Si no lo llena la democracia, lo ocuparán los extremismos de derecha o de izquierda". ¿No se dan cuenta, los políticos locales que son ellos quienes están vaciando de democracia la política?

Un año después de la renuncia de De la Rúa, el partido radical ha producido el hecho más vergonzoso del año político. El partido que no tenía nada para ganar está a punto de perder lo poco que le quedaba, su historia. El radicalismo que se hace grande combatiendo el fraude electoral termina cometiendo la misma infamia que supo denunciar.

Pero aun más grave que cometer fraude para ignorar la voluntad de sus afiliados y simpatizantes es el acuerdo tramposo que está tomando forma entre todos los dirigentes del partido. Ya han decidido que el designado ganador de la interna no promoverá la investigación de quienes cometieron el delito fraudulento de intentar alterar los resultados. Un claro indicio del acuerdo fueron las declaraciones de Rodolfo Terragno diciendo que no pensaba discutir más sobre la interna para dedicarse a polemizar con el justicialismo. ¿Acaso piensa que no es importante separar a los delincuentes fraudulentos de su partido?. Ya no se trata de incumplir las promesas electorales ahora se protege a quienes Hipólito Yrigoyen solía combatir.

La interna radical es importante porque muestra la lógica perversa de los políticos que vacían la democracia. Un partido que no cuenta con ninguna posibilidad de ganar las próximas elecciones y que entonces podría dedicarse a reconciliarse con la sociedad hace todo lo contrario.

¿Cuántos jóvenes se unieron a Leandro Alem e Hipólito Yrigoyen no para acceder a un cargo sino motivados por la lucha para lograr la libre expresión popular? ¿Qué joven puede sentirse hoy atraído a encausar su entusiasmo de crear el futuro dentro de un partido político?

No me imagino a ningún dirigente radical animándose a repetir, luego del bochorno que protagonizaron en sus elecciones internas, las palabras que Raúl Alfonsín pronunció en otro diciembre tan distinto al actual. Me refiero a diciembre de 1983 cuando dijo: "El voto implica la posibilidad de que gobierne el pueblo y de que el Estado sea independiente. A través del sufragio, el pueblo tiene la forma de elegir a sus gobernantes y a sus representantes".

El año pasado los radicales renunciaron al gobierno y un año después, se esfuerzan en renunciar a su identidad.



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