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La insignia
12 de diciembre del 2002


Crisis en Argentina

¿Aniversario de una pueblada?


__SUPLEMENTOS__
Crisis en Argentina

Virginia Giussani
La Insignia. Argentina, diciembre del 2002.



Estamos próximos a cumplir el primer aniversario de lo que en su momento se llamó "una pueblada". Hace un año, el veinte de diciembre exactamente, la gente salió a la calle en multitud, espontáneamente, con palmas, cacerolas y gritos a decir ¡basta!. Fue tan estruendoso ese aullido que un gobierno cayó bajo el efecto de sus ecos.

Entonces, doce meses atrás, además de rebeldía popular, hubo muertos y heridos. Ciudadanos que fueron fusilados a mansalva por el desafortunado hecho de encontrarse parados, indefensos, frente a la mira de un fusil que tenía orden de disparar hacia algún lado. Seguramente sin habérselo imaginado en vida, terminaron siendo héroes en muerte. Héroes, simplemente, porque se encontraban en el lugar equivocado, en el momento preciso.

A partir de esta recuperación del poder ciudadano, sorpresiva inclusive para los propios protagonistas, comenzaron a generarse hechos en donde la esperanza de moldear el futuro con las manos volvía a tener rostro y fuerza. Vertiginosamente se empezaron a organizar los barrios bajo un sistema de asambleas barriales. Parecía que aquello que ya se venía practicando desde hacia tiempo en el sector más excluido y denigrado de nuestra gente, es decir en algunos de los movimientos de desocupados, podía comenzar a subir hacia otra clase social que estaba al borde de sucumbir: la clase media.

El Movimiento de Desocupados, reducidos en la jerga con el estigma de "piqueteros", están logrando hacer mucho más que cortar rutas para reclamar por sus derechos. Eso, es lo más visible pero lo menos importante. Lo realmente importante y sorprendente para seguir con atención, es la organización y cooperación social que están construyendo. Además de gritar, generan hechos concretos. Están reconstruyendo un tejido social desgarrado a partir de la solidaridad, con el miserable "plan trabajar" que les da el gobierno no sólo comen, también crecen comunitariamente. La clase media parecía que podía empezar a recorrer un sendero parecido luego de animarse a exteriorizar su furia y descontento, pero no pudo salir de su propio laberinto cultural y terminó izando, casi como única bandera, la recuperación de sus ahorros expropiados por los bancos con una rabia y una violencia mucho mayor que la generada por los piqueteros con sus gomas quemadas.

En el medio nada cambió institucionalmente, cayó un presidente, subió otro, pero la crisis, el descenso social, la inmoralidad oficial y el desamparo siguen igual. Sin embargo lo peor, quizás, es haber perdido la fuerza inicial de aquello que parecía un antes y un después en esa "pueblada" que buscaba nuevos aires. Al cumplir un año de aquel 20 de diciembre, sería saludable tomar conciencia que nuestra decadencia no se reduce solamente a una crisis de representatividad, eso en todo caso es la expresión máxima de una sociedad que ha perdido el rumbo y su razón de ser. Cuando no se sabe qué se es difícil es saber hacia donde dirigirse. Así como nuestros futuros dirigentes tienen que aprender a prepararse de otra manera, también los ciudadanos tenemos que aprender a comunicarnos y reconocernos de otra manera, y esto no se logra vociferando contra el FMI o seduciéndolo, como si fuese el exclusivo generador de nuestros males o nuestro bienestar. Se logra, empezando a reparar, grieta por grieta, nuestra casa que se derrumba.

En este momento de transición no existen respuestas precisas y quien dice poseerlas, miente, sí en cambio existen preguntas que tenemos que empezar a formularnos entre todos. La verdadera pueblada llegará cuando, además de gritar, nos atrevamos a iniciar ese camino, incierto, pero elegido por nuestros propios pasos. El esfuerzo, probablemente, será doble, pero también será doble la satisfacción de sentir que cada paso y cada huella que se deje en el camino tiene que ver con nuestra identidad como nación, esa nación que hoy se nos escabulle entre los dedos.



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