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| 10 de diciembre del 2002 |
El sector manufacturero argentino (I)
Martín Schorr (*)
Durante la década de los noventa, en gran medida como producto de la aplicación de un shock institucional de inspiración neoconservadora, se acentuaron en la industria argentina ciertas tendencias cuya génesis histórica se remonta, en la casi totalidad de los casos, al quiebre del modelo de sustitución de importaciones registrado en el país a mediados de los años setenta. Los principales emergentes del desenvolvimiento industrial que tuvo lugar durante los noventa son los siguientes (1):
-En el transcurso del decenio pasado se agudizaron los procesos de "desindustrialización" y de reestructuración regresiva del sector manufacturero local iniciados a mediados de los setenta. La participación de la actividad industrial en el PBI global es cada vez menor (en la actualidad representa alrededor del 15%). El análisis de la dinámica sectorial reciente no sólo indica que en el presente la industria argentina tiene prácticamente el mismo tamaño que hace un cuarto de siglo (aunque con un perfil productivo marcadamente diferente -mucho menos "industrial"- que el vigente durante la fase sustitutiva), sino que también se ha acentuado la pérdida de uno de los atributos centrales que la caracterizaron durante la sustitución de importaciones: su carácter propulsor sobre el resto de las actividades económicas tanto en términos productivos como en lo que respecta a la creación de puestos de trabajo. En relación con esto último, los sectores de poder económico y sus intelectuales orgánicos suelen señalar que la disminución en la incidencia relativa de la industria en el producto y el empleo globales, así como la concomitante expansión de los servicios, refleja un incremento en el grado de modernización y/o desarrollo de la economía doméstica. Sobre tal afirmación, se sostiene que los países "en vías de desarrollo" deberían concentarse más en la creación y el fomento de los servicios que en las actividades manufactureras. Sin embargo, del análisis de lo ocurrido en la Argentina durante la década de los noventa se desprenden importantes interrogantes acerca de la validez de tal afirmación, por cuanto la "desindustrialización" -y su correlato: una mayor incidencia agregada de los servicios- ha estado mucho más vinculada con la desarticulación productiva y la reestructuración regresiva del sector que tuvieron lugar en el transcurso de la década pasada como resultado de la aplicación de políticas estatales neoliberales y, asociado a ello, con un aumento en la brecha que separa a la economía argentina de la de los países desarrollados (estancamiento relativo), que con un mayor nivel de desarrollo del país. -La consolidación de estos fenómenos ha estado estrechamente asociada a la conjunción de distintos procesos como, a título ilustrativo, las principales características estructurales de las ramas de mayor dinamismo y significación agregada de la actividad (2); la inserción sectorial de las principales firmas de la actividad (que denota un importante -y cada vez más marcado- grado de "primarización productiva"); el sentido adoptado por la apertura comercial implementada (que indujo una fuerte desintegración de la producción fabril local -en especial, en aquellas ramas con preponderancia de Pymes- derivada de la creciente importancia que asumió la compra en el exterior de insumos y/o productos finales por parte de las firmas industriales -fundamentalmente, las de mayor tamaño relativo-); la conformación de una estructura de precios y rentabilidades relativas de la economía que tendió a desalentar la inversión en el ámbito manufacturero; la vigencia de la valorización financiera como eje ordenador del proceso de acumulación y reproducción del capital de las compañías líderes que operan en el ámbito fabril; y la crisis en que se vieron inmersos los segmentos empresarios menos concentrados como resultado, en gran medida, de la orientación que adoptó la política económica. -La instrumentación de políticas inspiradas en los postulados básicos del pensamiento económico ortodoxo durante los noventa conllevó adicionalmente la profundización de otros dos procesos -íntimamente relacionados entre sí- característicos del desenvolvimiento sectorial post-sustitutivo: una fuerte disminución en la cantidad de obreros ocupados en la actividad y una creciente regresividad en materia distributiva. En el transcurso de la década pasada, el crecimiento de la producción industrial se dio a la par de significativos aumentos en la productividad media de la mano de obra, los cuales estuvieron mucho más relacionados con el importante proceso de expulsión de asalariados que tuvo lugar que con incrementos productivos (en otros términos, con fuertes aumentos en la intensidad de la jornada de trabajo). Esos crecientes recursos generados por la mayor productividad laboral no tuvieron como correlato incrementos en los salarios sino que, por el contrario, lo que se verificó fue un persistente deterioro de las remuneraciones medias de los asalariados. La conjunción de ambos procesos trajo aparejada una mayor regresividad en la distribución interna del ingreso fabril y un aumento en los márgenes brutos de rentabilidad empresaria (3). Ello indica que, con independencia de su destino específico, los capitalistas del sector (en particular, los estratos más concentrados) se apropiaron de gran parte de los recursos generados por la mayor productividad y las menores retribuciones de la mano de obra (4). Lo anterior brinda interesantes elementos de juicio como para matizar aquellas hipótesis, ampliamente difundidas en el medio local, que señalan que la caída del empleo en el ámbito manufacturero y las ganancias de productividad (y competitividad) registradas en los noventa se debieron a un aumento de consideración en el stock de capital y, por esa vía, en el grado de modernización del sector. Ello, por cuanto, por un lado, no se ha tratado de un crecimiento virtuoso de la productividad ya que ha estado asociado, en buena medida, a una brusca caída en el empleo sectorial, un aumento en la tasa de explotación y un empeoramiento en las condiciones laborales de los obreros ocupados en la actividad y, por otro, porque dicho incremento no logró revertir la generalizada -aunque asimétrica y heterogénea- crisis de "desindustrialización" por la que transita el sector desde mediados de los años setenta. -La creciente concentración de la producción en torno de un conjunto reducido de grandes empresas constituye otro de los rasgos característicos de la evolución industrial de los años noventa (a tal punto alcanzó este proceso que hacia fines de la década pasada las cien firmas más grandes del sector daban cuenta de aproximadamente el 50% de la producción total -se trata del valor más elevado de los últimos cincuenta años-) (5). Este incremento en el grado de concentración del conjunto del sector es explicado, en buena medida, por la capacidad que presentan las empresas líderes de desempeñarse con cierto grado de autonomía con respecto al ciclo económico interno, así como de crecer por encima del promedio sectorial. Ello está estrechamente ligado, a su vez, a que estos actores son fuertes exportadores y poseen una significativa capacidad de respuesta contracíclica por el lado de las ventas al exterior (aspecto que los diferencia de una parte mayoritaria de los restantes agentes manufactureros, que han sido -en algunos casos, altamente deficitarios en materia de comercio exterior), y a que destinan una proporción considerable de su producción al consumo de los segmentos de mayor poder adquisitivo de la población. Asimismo, el crecimiento diferencial de muchas de las empresas que integran el núcleo selecto de las de mayor envergadura del espectro fabril local se vincula con el hecho de que en su propiedad participan capitales que, adicionalmente, controlan una importante cantidad de firmas (no sólo industriales), muchas de las cuales son líderes en sus respectivos mercados. En este sentido, puede ocurrir que un grupo económico subsidie una estrategia de expansión en alguna producción manufacturera a partir de su participación en algún mercado (no necesariamente fabril) que se caracterice por presentar, por ejemplo, un elevado grado de concentración y/o una baja elasticidad-precio de la demanda. -La mayor concentración de la producción industrial que se registró en los noventa se dio a la par de transformaciones de significación en los liderazgos empresariales, que se manifiestan en un importante aumento en el grado de extranjerización de la producción. Una tendencia que se asienta sobre nuevos patrones de radicación de las firmas transnacionales en el país -tanto en lo que se refiere al destino sectorial de la inversión como a las modalidades de instalación en el sector- y la declinación relativa de los grandes grupos económicos de capital local. Por otro lado, ese aumento en el grado de desnacionalización y de oligopolización global del sector tuvo lugar en el marco de la consolidación de una estructura manufacturera crecientemente asociada a las primeras etapas del procesamiento industrial y/o al aprovechamiento de espacios privilegiados de acumulación del capital y, dadas las escasas vinculaciones que tienen las ramas de mayor gravitación agregada con el resto de la trama productiva, cada vez más desarticulada. -Si bien la contracara de este aumento en la transnacionalización de la actividad es la fuerte contracción que se registró en el peso estructural de los grandes conglomerados empresarios de capital nacional, de ello no se debe inferir que tales actores económicos se encuentren atravesando un proceso de disolución. Ello, por cuanto, en el ámbito manufacturero, mantienen -incluso incrementaron- su -ya de por sí significativa- participación en la rama de mayor incidencia relativa en términos de su contribución a la producción y a las exportaciones agregadas (la agroindustria), al tiempo que modificaron radicalmente la composición de sus activos totales (priorizando los líquidos por sobre los físicos) y, como consecuencia de ello, intensificaron de modo ostensible su proceso de internacionalización financiera (6). -Del aumento registrado en el peso relativo de las firmas de mayor envergadura dentro de la actividad, en un contexto global de involución sectorial, se desprende que en el transcurso de la década pasada una parte mayoritaria del entramado manufacturero local debió transitar por un sendero crítico. Al respecto, las evidencias disponibles indican que las pequeñas y medianas empresas resultaron sumamente afectadas por diversos factores. En primer lugar, por la orientación que adoptó el proceso de liberalización comercial instrumentado (fuertes asimetrías en detrimento de numerosos mercados fabriles en las que estas firmas tenían una participación relevante en la producción y el empleo globales) (7). En segundo lugar, por las desigualdades que los distintos tipos de compañías tuvieron que afrontar en materia de acceso al crédito para financiar sus respectivos procesos productivos (lo cual se visualiza en que las Pymes tuvieron que enfrentar tasas de interés muy superiores a las abonadas por las grandes firmas tanto por endeudarse en el mercado financiero local como en el internacional). En tercer lugar, por la evolución de las tarifas de los distintos servicios públicos privatizados (que, en la generalidad de los casos, perjudicó a los pequeños y medianos productores). De lo anterior se desprende que los disímiles desempeños empresarios registrados durante los noventa en el sector manufacturero estuvieron mucho más vinculados con los sesgos implícitos en las distintas medidas de política implementadas, que con diferenciales capacidades microeconómicas de adaptación de los distintos agentes al nuevo "entorno de negocios" que se tendió a delinear en el transcurso del decenio. Con este señalamiento no se busca poner en cuestión el hecho de que uno de los rasgos salientes del desempeño fabril reciente remite a los claros diferenciales de performance que se manifestaron entre los distintos actores del sector (al respecto, basta confrontar el exitoso desenvolvimiento que registraron las firmas líderes con el -en la generalidad de los casos, negativo- sendero que debió transitar buena parte del espectro local de Pymes para comprobar la validez de tal aseveración), sino los factores explicativos de dichas heterogeneidades. Así, el devaluar analíticamente las decisiones microeconómicas y, en consecuencia, poner el énfasis en la naturaleza y el sentido adoptado por las políticas implementadas en la explicación de los disímiles comportamientos económicos verificados en el sector industrial, brinda importantes elementos de juicio para identificar cuáles fueron los agentes económicos que se buscó favorecer -por acción u omisión- a partir de la política estatal. Así, cuando se analiza la forma en que la "desindustrialización" de los noventa impactó sobre las grandes firmas y sobre las Pymes y los trabajadores, se desprende con claridad la decisiva capacidad de influir en las definiciones de las políticas públicas que tienen los grandes capitalistas que actúan en el medio local o, en otros términos, la funcionalidad que la implementación de políticas de corte neoliberal guarda en relación con el proceso de acumulación y reproducción del capital de la cúpula del poder económico. -De las consideraciones precedentes surgen ciertos elementos de juicio en relación con el sentido adoptado por la reestructuración económico-social aplicada en la Argentina durante los años noventa. El carácter regresivo de dicho proceso emerge, sin duda, como su principal resultante, lo cual se refleja, por ejemplo, en el hecho de que al tiempo que las firmas industriales líderes tuvieron un desenvolvimiento sumamente exitoso, los trabajadores del sector vieron disminuir en forma considerable su participación en la distribución del ingreso y muchas empresas de pequeño y mediano porte se vieron inmersas en una profunda crisis. En otras palabras, como resultado de las políticas neoliberales que se implementaron en el país en el transcurso de la década pasada se produjo un doble proceso de transferencia de ingresos: desde el trabajo hacia el capital y, dentro de éste, desde las pequeñas y medianas firmas hacia las de mayor tamaño, acentuándose de modo notable uno de los objetivos centrales del proyecto refundacional de la última dictadura militar, a saber, el "disciplinamiento" de la clase trabajadora y de las fracciones menos concentradas del empresariado. Notas (*)* Área de Economía y Tecnología. FLACSO-Sede Argentina.
1 En lo que sigue se presentan las principales conclusiones que surgen de Azpiazu, D., Basualdo, E. y Schorr, M.: "La industria argentina durante los años noventa: profundización y consolidación de los rasgos centrales de la dinámica sectorial post-sustitutiva", Área de Economía y Tecnología de la FLACSO, mayo 2001. |
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