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La insignia
30 de septiembre del 2001


Ataque a Estados Unidos

En nombre de la rosa


Centa Reck L. (*)



La insignia


Especial

Ataque a
Estados Unidos

 

Después del ataque perpetrado contra las torres neoyorkinas, hemos visto aparecer en forma renuente frente a las cámaras al señor presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, George W. Bush, que entre los muchos mensajes emitidos, ha insistido en dejar sentado el precedente de que todo lo que su gobierno está haciendo es en aras y en nombre de la justicia y la libertad de los pueblos libres del planeta.

No deja de resultar sorprendente que el gobierno de EEUU haya echado mano de estos dos principios universales en forma tan contundente como desproporcionada; recordemos que siguiendo este tenor, los operativos militares para combatir el terrorismo fue denominado Justicia infinita para luego rectificarlo como Libertad duradera.

Si el atentado a las torres ha provocado mucho dolor y pesar, también nos ha convertido de la noche a la mañana en espectadores de un panorama muy desalentador. Ha puesto en evidencia un mundo polarizado, dividido claramente entre las potencias desarrolladas y los submundos subdesarrollados. También hemos visto que incluso en el plano de las potencias, hay una bipolaridad claramente establecida, hay un sólo país que tiene la manija con un único aliado incondicional, los otros países están forzados a aceptar las condiciones del alineamiento exigido, así éstas no estén dentro de sus principios o de sus conveniencias o inconveniencias; pero la amenaza es contundente: o están con nosotros o son nuestros enemigos. Los submundos, desgraciadamente aparecen en el panorama, fuera de órbita y alineados sin opción ni capacidad de desición. Aparecen como meteoritos que van erráticos y sin destino, quizá sólo evitando estrellarse o romperse, o tratando de postergar la amenaza de una inminente desaparición. Lo más penoso de todo esto es observar que mientras los desarrollados carecen de una libertad relativa, pero no por ello menos fundamental, los subdesarrollados carecen de la misma libertad pero en forma absoluta. Esto quiere decir que no sólo no son pueblos libres en el sentido de optar y elegir, sino que en medio del clima de escasez, postergación y miseria al que ya se han acomodado, no registran entre sus prioridades la necesidad de hacer uso de su libertad, y por lo tanto terminan haciendo aguas antes que naufragar, tomando actitudes tan empequeñecidas como indignas, que los hacen propensos al halago, la sumisión, y a no plantear razones sino a acatar por simple principio de supervivencia. Actitudes de este tipo no nos pueden llevar a propiciar un avance en la concertación de fuerzas políticas y económicas en el ámbito internacional, porque para llegar a un equilibrio se hace necesario que haya proporción y diversas posiciones firmes y definidas. De todo esto no puede sobrevenir más que un desequilibrio cada vez mayor, debido a que no se da una confrontación productiva, y no se sopesan determinaciones y libertades.

Desgraciadamente, un suceso tan luctuoso como el ocurrido, ha recorrido el telón y nos está dejando observar que se presupone que hay una sola determinación, y que los demás tienen que aceptarla incondicionalmente . En el afán de llevar a cabo y con apremio una aparente solución, el gobierno estadounidense ha tomado como política la fuerza y no la razón. Incluso así tuviera sus razones, que no es lo mismo que tener la razón, no es justo imponer estas razones en forma forzada y represiva. La solución no está en la fuerza, o esta acaba cosntituyéndose en una solución que tiene patas cortas. Es tiempo de escuchar y llevar a cabo un proceso diplomático y de análisis, propio de pueblos libres, que no es lo mismo que tomar las armas y dar la orden de fuego. En medio de toda esta paradoja, lo más grave es que cuando el gobierno estadounidense decide recurrir a las palabras, lo hace como si usara una llave maestra para tratar de romper o violar lo que está trabado, sin darse el trabajo de arreglarlo, o de empezar a cambiar los engranajes de un sistema que está lastimando a muchos, incluyendo a sus propios conciudadanos.

El psicoanalista francés Lacán, al hablar de los distintos tipos de esclavitud a los que está sometido el ser humano, advirtió que el amo no ha desaparecido y que la esclavitud sólo ha sido abolida a nivel formal. Evidentemente, observamos que en los distintos niveles de relación la política del amo se sigue reproduciendo, fiel a su propósito de acaparar el fruto de la producción; y por si esto fuera poco, tratando de conseguir que los otros anulen la expresión de sus deseos y sus elecciones. Lacán dice que el amo sólo ha cambiado de ropaje y de discurso. Es decir, que ahora y en su afán de prevalecer frente a quienes lo rodean, ha optado por apropiarse del discurso político y del discurso universitario. Y para la consecución de este fin, ya había hablado en nombre de la técnica y de la ciencia, y ahora ha comenzado a hablar en nombre de la justicia y de la libertad; no olvidemos que en el medievo se cometieron crímenes, se persiguió y se aniquiló a quienes hacían uso del saber y del arte, y que todo esto se hizo ni más ni menos que en el nombre de Dios y de la rosa.


(*) Centa Reck: Psicoanalista. Escritora. Directora del Colégio Interamericano Bella Vista. Grupo Garabatá - Proyecto Sur.



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