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30 de septiembre del 2001


Ataque a Estados Unidos

La guerra de Bush contra el terrorismo:
¿quién la va a pagar y quién se va a beneficiar?


William Hartung
La Jornada. México, 29 de septiembre.



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Especial

Ataque a
Estados Unidos

 

En los primeros días después de los ataques contra el Pentágono y el World Trade Center, el presidente George W. Bush ya había descrito estos atentados como actos de guerra, con lo que preparó el escenario para la introducción a una nueva "guerra contra el terrorismo". El Congreso rápidamente aprobó un paquete de fondos de emergencia por 40 mil millones de dólares, que sería dividido equitativamente entre los esfuerzos de reconstrucción doméstica y el apoyo a las agencias federales que estarán involucradas en la lucha contra el terrorismo.

Retomando el tema que ya había sido ejecutado anteriormente por el subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, el presidente aseveró previamente a la sesión del Congreso, el 20 de septiembre, que la guerra contra el terrorismo que llevaría a cabo su administración sería un esfuerzo multifacético y a largo plazo, en el que se acompasarían acciones encubiertas, golpes militares, iniciativas diplomáticas y medidas de seguridad interna (que fueron subrayadas con la creación de un gabinete de seguridad interna, con nivel de departamento, que estaría encabezado por el gobernador de Pensilvania, Tom Ridge).

El discurso fue largo en decisión y corto en detalles sobre los costos y las consecuencias de esta aparentemente ilimitada campaña antiterror. El 21 de septiembre, el diario The Guardian publicó una nota titulada "Memorándum secreto revela planes de Estados Unidos de derrocar al régimen talibán". Con base en cables diplomáticos de Estados Unidos dirigidos a un aliado clave de la OTAN, The Guardian indicaba que Washington buscaba los puntos de vista aliados sobre el "Afganistán postalibán, tras la liberación del país". Las tácticas estadunidenses para lograr este objetivo incluirían, según se informó, utilizar al monarca exiliado afgano de 86 años, el rey Zahir Shah, como un punto de convergencia para la opositora Alianza del Norte y otras tribus afganas para unirse y derrocar al régimen talibán.

Mientras tanto, se reportó que naves de transporte aéreo y equipo de inteligencia estadunidenses estaban aterrizando en la ex república soviética de Turkmenistán, que colinda con Afganistán, para ser usados en apoyo de la campaña antitalibán. Lejos de representar un "nuevo enfoque", las opciones militares ofrecidas por la administración Bush -valerse de bombardeos masivos, dejar suelta a la CIA para permitir el asesinato de líderes extranjeros y armar a grupos rebeldes para presionar a los regímenes que supuestamente apoyan a grupos terroristas- son una colección de políticas fallidas del pasado.

La última vez que Estados Unidos armó a grupos opositores en Afganistán, se ayudó a plantar las semillas de la red terrorista de Bin Laden, entre otras cosas.

Bombardear Afganistán implica la muerte de civiles inocentes, lo que difícilmente es la manera de mostrar al mundo que matar a civiles está mal. Y dejar en libertad a las agencias estadunidenses de inteligencia para cometer asesinatos y caos, cuando ni siquiera son capaces de cumplir su misión original -la de recolectar información secreta a tiempo-, es un enfoque muy cuestionable en el rastreo de redes del terror, para decirlo de manera suave.

Antes de apresurarnos hacia una guerra existe la necesidad de un debate nacional mucho más vigoroso sobre la mejor manera de proteger a los civiles y prevenir la violencia contra ellos, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.


¿Un cheque en blanco para el Pentágono?

Pese a que ha habido una cantidad considerable de comentarios editoriales sobre la necesidad de revaluar la estrategia de defensa de Estados Unidos a la luz de los ataques del 11 de septiembre, hasta ahora parece que todo continúa como siempre. Un artículo publicado en Defense News, en la edición número 23 del pasado 17 de septiembre, indica que unos 12 mil millones de los 40 mil millones de los que consta el paquete de emergencia, está destinado al Pentágono, pero cita a un oficial de esta dependencia diciendo que los fondos de emergencia "no tendrán nada que ver con los esfuerzos de rescate y emergencia". El oficial declara además que "esto no tendrá nada que ver con la respuesta de represalia a los ataques del 11 de septiembre. El financiamiento se destinará a satisfacer una lista de cosas que el departamento militar ha solicitado durante varios años".

El analista presupuestal, Christopher Hellman, del Centro de Información de Defensa, ha sugerido que el gasto militar para el año fiscal que comienza el 1o. de octubre de 2001 podría llegar a 375 mil millones de dólares. El subsecretario de Defensa Wolfowitz ha confiado que los fondos de emergencia son sólo el primer pago correspondiente a un mayor incremento en el gasto del Pentágono, y analistas conservadores, como Loren Thompson, del Instituto Lexington, han sugerido que es posible que el Congreso podría en estos momentos estar más dispuesto a llevar el presupuesto del Pentágono a 400 mil millones anuales o más; una cifra que hasta hace unos meses no era más que un sueño de opio de la derecha.

El incremento en el gasto del Pentágono es una buena noticia para sus principales contratistas, que son de las pocas compañías que mostraron incrementos en los precios de sus acciones cuando los mercados volvieron a abrir después del 11 de septiembre.

Entre los principales ganadores en la semana del 17 al 21 de septiembre estaban los principales contratistas militares y especiales como Raytheon (+37 por ciento), L-3 Communications (+35.8 por ciento), EDO (+24.8 por ciento), Alliant Tech Systems (+23.5 por ciento) y Northrop Grumman (+21.2 por ciento ).

Como señaló James Dao, del New York Times, algunas compañías ya están imponiendo sus productos al Pentágono, ante los ataques del 11 de septiembre: "Muchos contratistas militares han titubeado ante la posibilidad de hablar públicamente de que sus prospectos económicos mejoraron. 'Esta es una manera horrible de hacer dinero', afirmó un cabildero".



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