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| 28 de septiembre del 2001 |
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Ataque a Estados Unidos La razón menospreciada
Alberto Piris (*)
Cuando sopla un viento patriotero que agita barras y estrellas y clama venganza, y cuando desde la capital del imperio se divide al mundo en buenos y malos, forzando a todos a alinearse sin matices en uno u otro bando, servirse de la razón requiere más valor y arrojo que averiguar dónde está el más próximo banderín de enganche y alistarse en las Fuerzas Armadas de EEUU. Ésta es la tesitura en la que se mueve ahora ese sector independiente del pensamiento norteamericano, nunca acallado del todo, que no se contenta con ponerse firme al toque de trompeta del Pentágono, sino que se esfuerza por analizar con frialdad y objetividad la actual crisis internacional.
Una muestra de lo anterior es el texto siguiente, publicado hace pocos días: "¿Cuántos norteamericanos que apoyan el bombardeo [contra Afganistán] saben que el pueblo afgano ya vive en un país terriblemente arrasado por la guerra, desde que ésta se inició contra la URSS? ¿Cuántos se dan cuenta de que, incluso sin bombas, un bloqueo del país podría producir miles, si no millones de muertes inocentes? No muchos de mis compatriotas, me temo. Si se conocieran estas realidades, ¿cuántos seguirían exigiendo venganza? Y cuando resulta evidente que la venganza que produjera víctimas entre la población civil sería precisamente terrorismo, ¿cuántos desearían una guerra indiscriminada?, ¿y responder al terrorismo con otro terrorismo?". Escribir lo anterior en EEUU no es ahora fácil. Pero es más que nunca necesario. Hay quienes lo hacen aunque su eco en los medios de comunicación no sea tan intenso como el de quienes resucitan la ley del Lejano Oeste o expresan el deseo de fumigar las madrigueras de los criminales y hacerlos salir al exterior para exterminarlos sin piedad. Eduardo Galeano ha recordado recientemente que "en la lucha del Bien contra el Mal, los que siempre acaban muriendo son las personas corrientes". Nada más cierto. Luchando contra el Mal absoluto, que para ellos es EEUU, los terroristas exterminaron a varios miles de personas inocentes de medio centenar de países en las torres del World Trade Center neoyorquino y en los aviones comerciales convertidos en mísiles de crucero. Alá se lo exigía. Ahora es el Dios cristiano el que respalda la violencia militar que EEUU organiza para descargarla sobre objetivos todavía imprecisos pero que, para el presidente Bush, encarnan también el Mal absoluto. "Vamos a exterminar el Mal en el mundo", ha afirmado, con la misma fanática convicción que los seguidores de Bin Laden. Hasta el Vaticano, ese Estado soberano que dice representar en la Tierra los intereses del Dios de los cristianos, se ha pronunciado favorablemente a la anunciada operación de castigo. Cada uno tiene una distinta concepción de donde está el Bien y dónde el Mal. Naturalmente, todos están convencidos de encarnar al primero y de contemplar en el rival la imagen más descarnada del último. Y ninguno percibe que no hay Bien ni Mal absolutos, sino una amplia gama de matices que contiene todo lo que la humanidad puede dar de sí. Una misma intolerancia de matices religiosos sustenta ambos razonamientos. Aunque en el caso de EEUU haya además una poderosa industria bélica y una gigantesca institución militar que necesitan la imagen de un enemigo para seguir prosperando y creciendo. En una atmósfera intolerante es difícil ejercer la libre razón sin dejarse arrastrar por el ambiente. Sin dejarse cegar por el diluvio de ideas prefabricadas que sirven a los intereses de las partes enfrentadas. Los periodistas de la CNN por un lado y los ulemas por el otro contribuyen a esta percepción distorsionada. Una pintada callejera neoyorquina expresaba con perspicacia esa idea: "Ojo por ojo... y todos acabaremos ciegos". Bastantes políticos lo agradecerían. Debe de ser fácil gobernar a un mundo de ciegos que dócilmente se dejan conducir por cualquier camino a cualquier lugar. * General de Artillería en la Reserva del Ejército español y analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM) |
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