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| 25 de septiembre del 2001 |
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Ataque a Estados Unidos Demoliendo a Naciones Unidas
Miguel Ángel Ferrari
Los sucesos criminales del 11 de septiembre en los Estados Unidos, que condenaremos una y mil veces, así como recordaremos siempre a los hermanos norteamericanos y de otras nacionalidades, cuyas vidas fueron segadas por este brutal acto mesiánico, y la posterior reacción del gobierno de George Bush hijo, nos introducen en una especie de "recuerdo del futuro".
Los argentinos, los latinoamericanos, hemos escuchado muchos discursos pronunciados por gobernantes mesiánicos --surgidos casi siempre de golpes de Estado-- que, en nombre del combate al terrorismo y en "aras" de la justicia, precedieron a una inhumana cacería donde la tortura, la muerte y la desaparición de millares de ciudadanos fue moneda corriente. Estas siniestras aventuras siempre comenzaron con invocaciones a los más sagrados principios de la patria y --lamentablemente-- muchas veces, especialmente en la Argentina, fueron avaladas por sermones, te deums y demás oficios religiosos. No quiero proseguir este comentario sin rescatar a innumerables dirigentes y fieles religiosos que levantaron su voz en contra de esa violencia supuestamente redentora. Algunos de ellos, como el obispo Angelelli, pagaron con su vida por esa valiente y consecuente actitud. Cuando Bush hijo... emplaza a la humanidad a estar con "nosotros --los Estados Unidos-- o con el terrorismo" y califica a su guerra como "justicia infinita" que es como decir "justicia divina" (aunque ahora pretenden enmendar la torpeza cambiándole el nombre al operativo). Cuando el gobierno de Washington amenaza con una guerra prolongada que tendrá momentos públicos "que se podrán ver por la televisión" y otros no tan públicos o "sucios", como también se dijo, el fantasma del genocida Ramón Camps se eleva --con aires de haber sido reivindicado-- sobre los millares de nuestros muertos, muchos muertos por él. Cuando la voz de Bush hijo... repica que Dios no es neutral, se eleva el fantasma de monseñor Plaza, el amigo de la secta Moon, convocando a decenas de capellanes --garrote vil en mano-- para que bendigan la tortura y la muerte de los "impíos terroristas". Cuando las principales cadenas televisivas de los Estados Unidos comienzan a practicar la autocensura y la desinformación, mostrando --por ejemplo-- a niños palestinos festejando en 1991 el atentado a las torres gemelas... ¡con diez años de anticipación!... o eliminan temas musicales de su programación como "Imagina" de John Lennon, comienza a sobrevolar el fantasma de Gómez Fuentes hasta instalarse en nuestra pantalla de televisión, desde donde nos mentía amparado por el terror, claro... el terror del Estado. Los terroristas de Estado de estas latitudes --formados en la Doctrina de la Seguridad Nacional, elaborada en los Estados Unidos-- no vinieron a combatir actos de terrorismo, al amparo de la ley. Vinieron a imponer un modelo, el mismo que sostiene Bush hijo. A la ley, a la propia Constitución, la relegaron a un segundo plano con ese Estatuto fascista de la dictadura. Con estos fantasmas hay dos posibilidades. Una, dejarlos que crezcan con la ayuda de nuestros gobernantes, a quienes vemos cada vez más alejados de la democracia, como el presidente Fernando De la Rúa y el Canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, miembros del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), donde compartieron y comparten --hasta el día de hoy-- su Consejo Directivo con conspicuos integrantes de las variopintas dictaduras. Dejarlos que crezcan al amparo de viejos discursos reparados a nuevo, de periodistas formadores de conciencia de militares golpistas, como el autocrítico "ma non troppo" de Mariano Grondona. Dejarlos que crezcan de la mano del actual ministro de Defensa Horacio Jaunarena, hoy muy indignado por los atentados que costaron la vida de más de seis mil personas, pergeñando fusiones de las distintas fuerzas armadas y de seguridad para combatir más eficientemente al terrorismo, en tanto que ayer --durante su gestión en el gobierno de Alfonsín-- jugó el rol protagónico para la aprobación de las leyes de "punto final" y "obediencia debida", premiando a quienes le arrancaron la vida a 30.000 compatriotas. ¿Dejamos que los fantasmas se corporicen o --la segunda alternativa-- los enfrentamos hasta derrotarlos? En ese sentido, ya tenemos ejemplos a seguir. Ayer culminó en Plaza de Mayo la Marcha contra la Pobreza, millares de argentinos reclamaron un subsidio de formación y empleo (este tema será tratado en otro pasaje de nuestro programa), pero también se manifestaron claramente contra la guerra de Bush hijo. "La guerra con la que nos comprometemos es la guerra contra la pobreza" gritó Víctor De Genaro, el secretario general de la C.T.A. (Central de los Trabajadores de la Argentina). También los cultores imperiales de la muerte (gemelos de los cultores fundamentalistas de la muerte) fueron condenados masivamente. En este caso --emblemáticamente-- en el centro de la ciudad de Nueva York. En efecto, millares de personas marcharon anoche hasta Times Square para pedir por la paz. La estatua ecuestre de George Washington era el punto de reunión. Nuevamente --como en la época de la guerra de Vietnam-- apareció el símbolo de la paz en innumerables carteles, se multiplicaban las leyendas "la guerra no es solución", "Nueva York ama la paz", "Justicia, no guerra" o "los árabes no son nuestros enemigos". A diferencia de lo que ocurrió luego del ataque japonés a Pearl Harbour en 1941, en esta oportunidad nadie acudió para alistarse voluntariamente para la guerra de los fabricantes de armas norteamericanos. Entretanto, en España, Amnistía Internacional realizó --anoche-- concentraciones en 20 ciudades bajo el lema "Justicia, no venganza". Este organismo no gubernamental remitió un escrito al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en el que --además de condenar nuevamente los atentados contra los Estados Unidos-- afirma "instamos enérgicamente al Consejo de Seguridad a que se asegure que, en su búsqueda de justicia, los Estados agoten todas las medidas para aprehender y procesar a los prensuntos autores sin poner en peligro las vidas, el bienestar o los derechos de la población civil". En sintonía con estas actitudes democráticas y verdaderamente civilizadas, el gobierno portugués manifestó que no está dispuesto a aceptar la propuesta norteamericana de firmar un acuerdo con la Unión Europea para la extradición a los Estados Unidos de responsables de crímenes graves como el terrorismo, puesto que la Constitución de Portugal, en su artículo 33 no permite la extradición de criminales a terceros países donde exista cadena perpetua o pena de muerte. Prosiguendo con actitudes dignas y verdaderamente civilizadas de pueblos y gobiernos, no podemos dejar de mencionar las palabras del canciller venezolano, quien señaló --luego de la reunión de la OEA-- que "Venezuela quiere dejar constancia de que nada de lo contenido en las resoluciones que aprobamos puede ser interpretado como una autorización para ejecutar acciones que se aparten del derecho internacional vigente". En relación al tan publicitado apoyo de Europa al gobierno de los Estados Unidos, el primer ministro belga, a cargo de la presidencia temporaria de la Unión Europea, Guy Verhofstadt, bajó los decibeles de tal apoyo, diciendo "Cada país expresará --a su modo-- el apoyo a los Estados Unidos. Algunos ofrecerán sus bases militares y tropas, otros inteligencia y puede que algunos se limiten a dar un respaldo moral". "O están con nostros o están con los terroristas", siguen resonando las palabras de Bush hijo. Esta es una falsa alternativa. La verdadera disyuntiva está dada entre el terrorismo --tanto de Estado, como de organizaciones delictivas-- por un lado y por el otro la verdadera civilización, la que construyó durante siglos las herramientas jurídicas que culminó en 1945 en la creación de la Organización de las Naciones Unidas, con todas la imperfecciones que tiene y que habrá que mejorar como el derecho de veto de las naciones más poderosas, por ejemplo. Hace bastante tiempo que los Estados Unidos vienen estrellando sus aviones contra las Naciones Unidas. No contra su edificio, que también está en Manhattan, sino contra la institución, violando o permitiendo que se viole, de manera repetida su Carta Fundamental. Cuando sus aviones bombardearon Corea en la década del cincuenta "en nombre de las Naciones Unidas" estaban demoliendo a las Naciones Unidas. Cuando bombardearon Vietnam, Laos y Camboya en las décadas del sesenta y el setenta, estaban demoliendo a las Naciones Unidas. Cuando invadieron a Cuba en playa girón, con la máscara de cubanos anticastristas, estaban demoliendo a las Naciones Unidas. Cuando bombardearon e invadieron a República Dominicana, a Grenada, a Panamá, estaban demoliendo a las Naciones Unidas. Cuando bombardearon al Líbano y a Lbia, estaban demoliendo a las Naciones Unidas. Cuando lanzaron la Guerra del Golfo al violando la Carta de la ONU, estaban demoliendo a las Naciones Unidas. Cuando siguen bombardeando casi todos los días a Iraq --ayer lo hicieron-- y votando a favor del mantenmiento del bloqueo que ya causó la muerte de 500 mil niños por falta de comida y medicamentos, están demoliendo a las Naciones Unidas. Cuando la OTAN demolió con más explosivos que durante la Segunda Guerra Mundial a Yugoslavia, estaban demoliendo a las Naciones Unidas. Cuando la CIA armó, entrenó y financió al terrorista Osama Bin Laden, compartiendo con él y con los servicios de inteligencia de Pakistán el negocio del opio y su derivado, la heroína, y apoyó las acciones de estos terroristas en distintos lugares del mundo, entre ellos Chechenia, Bosnia y Kosovo, con los dineros de la droga, blanqueados en los paraísos fiscales que siempre --hasta ayer-- los Estados Unidos se negaron poner bajo la lupa de la comunidad internacional, estaban demoliendo a las Naciones Unidas. Esa demolición que todavía no piensan teminar, causó más víctimas que las de las torres gemelas, pero de igual calidad. Porque hasta el siglo veinte se pensaba que todos los seres humanos éramos iguales. Esperemos que se siga pensando así. Esto dependerá de todos nosotros. |
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