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| 24 de septiembre del 2001 |
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Ataque a Estados Unidos Sobre la Guerra Santa
Carmén Ollé (*)
No confundamos. El fundamentalismo fanático que ha perpetrado el
horrendo crimen contra la población civil en los Estados Unidos no
representa a la religión del Islam ni al pueblo árabe ni constituye
una respuesta política.
Los periodistas, exacerbados por los acontecimientos recientes que vimos a través de la televisión, deberían ser más objetivos y esclarecer los hechos. Los atentados contra el Pentágono y las torres de Nueva York en los que perdieron la vida miles de ciudadanos inocentes no pueden explicarse como una reacción a la política errada de los Estados Unidos en el medio Oriente. Tampoco significan la justa protesta por la pobreza de los países del Tercer Mundo, cuya causa es el capitalismo salvaje y su economía de libre mercado. Si aceptamos dicha tesis ocultamos la verdad. Quienes hacen la crítica al capitalismo y se oponen al imperio de las grandes transnacionales y a la sociedad despilfarradora, discriminadora y consumista son los movimientos civiles que han protestado en las cumbres mundiales de comercio en Seattle, en Porto Allegre, en Génova. Se trata de buscar la salida a la pobreza y el desempleo y de enfrentarse a las ambiciones de los países ricos. Debido a la visión sesgada de los hechos puede suceder que, de aquí en adelante, todo aquel que se oponga al capitalismo sea perseguido por ser fundamentalista, como antes se hacía con los comunistas. Al asociar el accionar de los fanáticos de Bin laden o Hezbolá con una protesta política se distorsiona el problema real, restándole importancia a la política económica impuesta por los organismos financieros en el mundo globalizado. ¿Acaso el gobierno de los talibanes en Afganistán se preocupa por su pueblo? ¿No son los mismos talibanes los que violan los derechos humanos de los afganos? Recordemos la situación de las mujeres afganas en ese país, obligadas a cubrirse el rostro, a no salir a la calle y a no ejercer ninguna profesión, es decir a morir lentamente de hambre y de depresión, recluidas en sus casas. Los fundamentalistas le declararon la guerra a su propio pueblo y odian a las mujeres por considerarlas inferiores y el «portón del diablo»; Riffat Hassan, profesora paquistaní de Estudios Religiosos de la Universidad de Lousville, en Kentucky, dice que el Corán enseña que el hombre y la mujer fueron creados iguales por Dios. La idea de la inferioridad de la mujer es posterior al libro sagrado de los musulmanes. Fue durante los siglos iniciales de existencia del islamismo que se incorporó este concepto erróneo. Riffat nos advierte que tales ideas no son auténticas y sin embargo son difundidas por los integristas islámicos como verdaderas. Nuestra obligación es luchar por la verdad y no aprobamos la guerra. Rechazamos el terrorismo. Por eso no estamos de acuerdo que el Washington Post, uno de los diarios más conservadores de Estados Unidos, clame por la guerra santa estadounidense o la política del ojo por ojo y diente por diente. La acción militar que planea el presidente Bush contra los países que albergan a Bin Laden, el principal sospechoso del ataque al pueblo americano, nos afecta a todos. No somos neutrales. *Carmen Olle es escritora,coordinadora del Programa de Comunicaciòn y Ciudadanìa del Estudio para la Defensa de los Derechos de la Mujer. Lima (Peru). |
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