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La insignia
24 de septiembre del 2001


Ataque a Estados Unidos

Terrorismo, retórica belicista y economía de guerra (II)


Mario Roberto Morales
Siglo Veintiuno. Guatemala, 24 de septiembre.



La insignia


Especial

Ataque a
Estados Unidos

 

El horrendo y condenable ataque terrorista del 11 de septiembre en Estados Unidos está siendo la oportunidad de oro para que los intereses de la industria militar y los de la ultraderecha belicista estadounidense prevalezcan ya sin las trabas que los movimientos ecologistas y antibelicistas, y también algunos Estados europeos, estaban interponiendo a sus agresivas iniciativas políticas, como la del escudo antimisiles y la de la derogación de disposiciones mundiales sobre el uso de sustancias contaminantes.

Ahora, el respaldo universal al gobierno republicano de Bush ha obviado su carácter reaccionario en lo referente a los intereses ecológicos y pacifistas del mundo, en aras del combate al terrorismo, un flagelo que muchos países (como España, Francia, Inglaterra y otros que ahora apoyan incondicionalmente a la actual Administración estadounidense) han padecido desde hace mucho tiempo ante la indiferencia brutal de Estados Unidos. Por ello, en el ataque terrorista estos países vieron una irrepetible oportunidad para participar del negocio de esta guerra ampliando su cobertura y argumentando que el ataque no fue sólo contra Estados Unidos sino contra Occidente. Lo cual, sin embargo, estuvo a punto de provocar una victoria estratégica terrorista al convertir la agresión en el inicio de una choque de civilizaciones.

A la necesidad de impedir esto se debe la enmienda de esta retórica en los medios masivos, así como la de la tosca y torpe del "Se busca vivo o muerto" del cowboy Bush, quien llegó al colmo de sus "bushismos" al llamar "cruzada" a esta guerra, que le ha valido el catapultamiento mundial a su partido después de las dudosas elecciones que lo llevaron al poder, todo lo cual ha obligado a su equipo de trabajo a insistir en que la guerra que se está librando es contra terroristas y no contra musulmanes ni árabes en particular, así como tampoco contra el islam en general.

Es obvio que la Comunidad Europea no quiso ni por un momento quedarse al margen del negocio de esta nueva guerra ni mucho menos de la oportunidad de librarse de sus respectivos terrorismos locales, lo cual es harto explicable. Para ello, a la vez que insiste en su solidaridad con el pueblo estadounidense y con las víctimas de otras nacionalidades en el ataque, internacionaliza el carácter de la agresión y pide pruebas concretas antes de una acción militar de represalia por parte del gobierno de Bush. Con lo cual busca evitar un desequilibrio en la parte del mundo cercana a su influencia geopolítica, incluyéndose como socia activa de la nueva guerra y dándole a la gestión republicana la oportunidad de liderear en forma compartida esta tercera guerra mundial.

Algo similar ocurre con los países del área de conflicto, tanto con los amigos como con los enemigos de Estados Unidos. Todos ofrecen su solidaridad en el esfuerzo de guerra contra el terrorismo pero se oponen a un ataque masivo sobre Afganistán, que es el paso que los intereses de la industria militar que apoya a Bush quiere dar para así ofrecer a la clientela política estaodunidense (que entiende en términos de "Se busca vivo o muerto") la cabeza del malo de esta película: Osama Ben Ladin, un monstruo creado (como Hussein y Noriega) por Estados Unidos durante la Guerra Fría.

Se ha anunciado hasta la saciedad que esta guerra será prolongada y secreta y que implicará el sacrificio de muchas libertades a las que los estadounidenses están acostumbrados (y los tercermundistas desacostumbrados). En otras palabras, los socios de la guerra las tienen todas consigo. Que Dios y Alá nos guarden.



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