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La insignia
22 de septiembre del 2001


Ataque a Estados Unidos

«O están con nosotros, o están con el terrorismo»


Miguel Ángel Ferrari
Transcendental, programa de LT8 Radio Rosario. Argentina, 21 de septiembre.



La insignia


Especial

Ataque a
Estados Unidos

 

En estos días, muchas personas advertimos con preocupación que se pronuncian palabras y se asumen actitudes que ya habíamos escuchado o presenciado durante la última dictadura militar en la Argentina. Los gobernantes estadounidenses proclaman al mundo una guerra de larga duración. Bautizan a esta guerra con el mesiánico nombre de "Justicia Infinita". Anoche el presidente George Bush hijo, luego de advertirle a la humanidad toda que "o están con nosotros o están con el terrorismo", agregó que "Dios no es neutral". Anteayer el presidente norteamericano liberó su inconsciente y caracterizó a la guerra que está por emprender como "una cruzada", luego los especialistas en comunicación masiva le advirtieron que si se quiere sumar a países árabes o musulmanes a la gran coalición liderada por Washington, usar la palabra "cruzada" no era lo más indicado. Algunas cadenas de televisión ya están procediendo a una autocensura preventiva, no sólo sobre la información que suministran, sino --inclusive-- sobre los más variados temas musicales. Autocensura que incluye a "Imagina", de John Lennon, una esas canciones que siempre creímos más cercana a la paz que al terrorismo.

¿Por qué decimos que nos recuerda a la tenebrosa época de la dictadura? Por que la única potencia imperial del planeta, le está diciendo al mundo qué es lo que tiene que hacer... y si no lo hace, que se atenga a las consecuencias.

Es decir, que según esa lógica maniquea, medieval, los ciudadanos y los países del mundo no tendríamos otra opción que aceptar la opinión de la Casa Blanca, con tambores de guerra de fondo, o tomar partido por el terrorismo. O, lo que es peor, ser susceptibles de ser catalogados como terroristas o encubridores de terroristas, y hacernos pasibles de las acciones violentas limpias o sucias que los guerreristas consideren convenientes en cada caso.

A veces, cuesta creer que estamos en el siglo veintiuno. Que se necesitaron tantos siglos para llegar a la creación de un orden legal internacional, para que una potencia --con actitudes fundamentalistas-- aprovechando el profundo dolor de su pueblo, castigado por el terrorismo mesiánico, como todo terrorismo, pretenda derribar esas normas de convivencia en aras de la supuesta lucha de bien contra el mal.

"Dios no es neutral", dice Bush hijo desde lo más profundo del destino manifiesto, esa concepción cuasi teológica que les permitió a los norteamericanos anexar territorios --como los de México en el siglo 19--, invadir países; poner gobernantes a su antojo; asesinar dirigentes o promover su asesinato --como en el caso de Sandino en Nicaragua o Patrice Lumumba en el Congo, para citar sólo una minúscula proporción--; adoctrinar dictadores genocidas en la tristemente célebre "Escuela de las Américas", una verdadera universidad de la tortura y el crimen; imponer una doctrina como la de "Seguridad Nacional", que impregnó las mentes y ensució de sangre las manos de esos genocidas, sus alumnos. Para quienes creen en Dios, Dios no es neutral, Dios no puede ser neutral entre el terror y el deseo de convivencia pacífica. La falacia, de este presidente aprendiz de sofista, es muy fácil de descubrir: la contradicción no está dada entre terroristas de Estado y terroristas a secas. Ambos son funcionales unos a otros. Ambos desprecian la vida humana.

En el mismo día en que perecían millares de seres humanos en Nueva York, millares de hombres y mujeres como nosotros, en el mundo --de acuerdo a las estadísticas de la FAO, la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación-- morían 35.615 niños por falta de comida, de los cuales 55 eran argentinos, como nuestros hijos.

Solamente una lógica delictiva, terrorista y fundamentalista pudo haber inspirado a la Agencia Central de Inteligencia (la CIA) a instruir, organizar, financiar y armar a millares de terroristas fundamentalistas liderados --entre otros-- por el terrorista Osama Bin Laden, considerados por el entonces presidente Ronald Reagan como los "combatientes de la libertad", el mismo título habilitante que le confería a la contra nicaragüense, ambos financiados por el tráfico de armas (caso Irán-Contras, con Olivert North y compañía) y por la producción y tráfico de drogas (como el desarrollado por la CIA, el gobierno pakistaní y los talibanes, que concentró y concentra el 80 % de la producción de opio del mundo, luego transformado en heroína y otros subproductos).

Ahora que se enfrentan entre ellos, segando vidas inocentes ayer en Nueva York y mañana --tal vez-- en Afganistán, nos piden que nos definamos.

La definición de la abrumadora mayoría de los argentinos es muy clara: no debemos sumarnos a ninguna aventura belicista. Esto no significa ser neutrales, por el contrario, debemos emprender una firme lucha contra el terrorismo, tanto el de Estado, como el de grupos mesiánicos. La herramienta fundamental es el derecho internacional, allí radica la civilización y no en aquellos de dicen --como aquel caudillo medieval-- "matadlos a todos, que Dios reconocerá a los suyos".



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