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| 22 de septiembre del 2001 |
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Ataque a Estados Unidos Temblarás y te rechinarán los dientes (I)
Carlos Ortiz de Zárate
La agresión sufrida por EEUU el 11-09-01 ha provocado miles de víctimas. Es difícil evitar el sentimiento de empatía ante el hecho que aquéllas no han sido contempladas en la estrategia del agresor, sino por el hecho de que la manifiesta existencia de las mismas refuerza el efecto de la violencia del acto. Los ciudadanos que se encontraban en el objetivo han muerto, pueden morir en cualquier momento, sucumbir a la recesión desencadenada o sufrir de los efectos, ya presentes, de la utilización de armamentos. Forman parte de lo que se denominaría, en términos cinematográficos, "efectos especiales".
No es mi intención adentrarme en el planteamiento de esta monstruosidad; voy a limitarme a recordar que el modelo ético imperante en política, el maquiavélico, hace de estas víctimas actores del objetivo político perseguido y si éste fuera el adecuado, aquéllas serían redentoras de un número mayor de ciudadanos que hubieran estado en peligro en el caso en que no se hubiera realizado la acción. Es cierto que hay otros modelos de ética política como es el caso de los propuestos por Platón, Aristóteles, Robespierre, etc., pero también es cierto que de los expuestos, solamente el último tuvo el poder, aunque lo mantuvo durante un tiempo lo suficientemente breve como para que su práctica política sea catalogada por la Historia como La Terreur. Sin embargo, la Historia reconoce como grandes y generadores de bienestar y de poder, en los Estados que gobernaban, a una serie interminable de maquiavélicos. Es, incluso, prácticamente imposible encontrar estadistas legitimados que no hubieran utilizado el maquiavelismo. Lógicamente, el número de víctimas se contabiliza en millones y con respecto a la historia pasada, no se ahorran los detalles de crueldad. La escritura del número de víctimas de la Noche de San Bartolomé necesita la utilización de 6 cifras, por ejemplo. Sin embargo, se aprecia el sentido de Estado de Catherine de Médicis, quien termina las Guerras de Religión, en Francia, apoyando a la coalición católica. Comparemos esta cifra millonaria, con la de las víctimas del 11 de septiembre o con las del régimen de Robespierre. Podríamos practicar este ejercicio con los regímenes de todos los grandes de la historia y con los acontecimientos que han hecho la misma o que hacen nuestra actualidad. Robespierre defendía, sin embargo, la antítesis a la ética política maquiavélica. Afirmaba que si los medios utilizados no eran éticos, el objetivo alcanzado por los mismos no podía serlo; afirmaba que cuando la política se alejaba de la virtud, el objetivo perseguido quedaba apresado y creaba una dinámica no deseada. Así, si el fin no era bueno, éste, difícilmente, podría justificar los medios. Evito plantearme si Robespierre practicó o no sus principios, aunque me parece un tema que debería ser tratado profundamente; pero, adhiero a la antítesis defendida por aquél. Así, el atentado cometido el 11 de septiembre en EEUU, como todos los actos criminales cometidos en esa fecha o en cualquier momento de la historia en cualquier lugar del mundo, solamente pueden obtener fines criminales y no pueden, por tanto, legitimarse. Me preocupa que la Historia lo haga. Me preocupa asimismo que muy recientemente, países que representan oficialmente Occidente - véase la Unión Europea- se hayan resistido a considerar que la esclavitud, por ejemplo, fuera un crimen contra la humanidad. La Historia nos enseña que los esclavos han sido agentes manifiestos del desarrollo de la mencionada humanidad. No pretendo enmendar la interpretación histórica, solamente me propongo plantear la bondad de los fines que han legitimado los medios utilizados para obtener el desarrollo de la humanidad. Por ejemplo, la estabilidad del Estado francés obtenida tras la masacre de los protestantes o la esclavitud, ¿quién pueda asegurar que fueran los mejores instrumentos para el desarrollo de la humanidad? La respuesta es clara, los que se basan en una interpretación muy predeterminada de "desarrollo de la humanidad". Es evidente, sin embargo, que el Estado francés, "salvada" la Noche de San Bartolomé, encontró en gran medida sus bases financieras en capital monetario y humano protestante y que estos habrían sido más abundantes si hubieran sobrevivido las víctimas. De la misma manera, la facilidad de acceso a la fuerza de trabajo que aporta la esclavitud no parece favorecer el desarrollo. Además de la evidencia de las consideraciones morales, se da el hecho de que esta facilidad desactiva del desarrollo un importante actor del mismo, lo aísla socialmente, cuando está tan presente en el proceso productivo y lo que es peor, no lo utiliza como consumidor. De hecho el progreso termina, en todos los sistemas por eliminar el esclavo. Son ejemplos muy generalizables y con mucho potencial de desarrollo; por eso tiemblo y castañeo de los dientes por el imperio del maquiavelismo y porque éste utiliza víctimas. Fue maquiavélico el atentado, respondía a un maquiavelismo que pretendía responder a otros. Asimismo, la parte agresiva y la parte agredida preparan respuestas maquiavélicas. Las víctimas, caemos en la primera divisa maquiavélica: "divide y triunfarás", somos "desarrollados" o en "vías de desarrollo", orientales o occidentales, moros o cristianos. Sabemos que, en realidad solamente somos víctimas. Asumimos, segunda divisa del maquiavelismo, que no podemos hacer nada y estamos asustados, tercera divisa del maquiavelismo. Nos equivocamos, podemos. En primer lugar y ahora, defendiendo la ONU frente a las presiones que ha sufrido recientemente provenientes de EEUU, Israel y la UE y pidiendo a esta que establezca inmediatamente un gabinete de seguimiento del proceso de respuesta a la agresión y que asuma el control del mismo. A medio plazo, organizándonos como ciudadanos, de manera que podamos atenuar y desactivar nuestra condición de víctimas. El último es un objeto muy complicado, pero el primero es fácil: hay ya propuestas de documentos redactados para enviar a la ONU. Pienso que si no existen modelos para dirigir a otros organismos (UE, representantes de los Estados y de gobiernos, Comunidades Autónomas, partidos políticos, etc.), deben crearse y enviarse. Con respecto al último objetivo, hago un llamamiento a todas las organizaciones ciudadanas para que trabajemos juntos en objetivos comunes. Hacerlo ahora podría ser un buen principio para que la actividad sustituya a nuestro temblar y crujir de dientes, actualmente, muy justificado. |
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