Portada Directorio Debates Buscador Redacción Correo
La insignia
1 de octubre del 2001


Ataque a Estados Unidos

Rusia y China en la «gran coalición»


Rafael Poch



La insignia


Especial

Ataque a
Estados Unidos

 

MOSCÚ.- En todo el mundo la magnifica coalición improvisada desde la cólera y el dolor de la primera potencia, tiene bases poco firmes. Bajo las declaraciones de fiero alineamiento, asoma un mar de dudas, recelos y desconfianzas. Es normal, ¿quién va a contestar la afirmación del "con nosotros o con ellos" y la primitiva ley del oeste que contiene?. En ese contexto, Rusia es el eslabón débil de la cadena. Sus gestos y promesas, oscilan entre la compostura y la esperanza de obtener algo a cambio, por ejemplo en Chechenia. Pero eso es la epidermis del problema. Entre todas las potencias, Rusia es la más imprevisible.

La razón es la fragilidad de su modelo económico -un esquema basado en la exportación de materias primas- profundamente contradictorio con su estructura social. Dato central de esa estructura es un gran potencial intelectual y productivo, que tradicionalmente estuvo ocupado y dirigido hacia un enorme sector industrial-militar. Ese ejército hoy está en paro, o languidece en actividades marginales. Su potencial podría liberarse con una integración en la economía mundial, pero, en parte a causa de las barreras que encuentra en América y Europa, y en parte por culpa de los errores de bulto de los planificadores rusos, no puede hacerlo.

Otra tendencia es ideológica y psicológica: el antiamericanismo crece en Rusia. Ya es mas fuerte que en la guerra fría y es especialmente patente en los sectores relevantes o de futuro; el nuevo capital nacional, los intelectuales y la juventud.

Todo eso hace a Rusia muy vulnerable a los embates de una crisis internacional. Nadie puede excluir que la "magnífica coalición" que ya se da por echa desemboque, a fin de cuentas, en un deterioro de relaciones entre Rusia y Estados Unidos. En ambos países asoma la crisis y encontrar un "buen enemigo" -resucitando al anterior- podría ser adecuado para los dos.

En Rusia todo se sostiene gracias a los altos precios del petróleo. Si se mantiene, la caída de diez dólares por barril de ésta semana, una consecuencia de los atentados, significa, por ejemplo, un recorte del 25% en los ingresos del estado. Todo se aguanta con palillos en el mundo de hoy, pero Rusia es un castillo de naipes.

La situación de China es muy diferente. Para China mantener unas buenas relaciones con Estados Unidos es asunto de una importancia capital. Su comercio y el bienestar de su población dependen de ello. Pekín recibe muchas inversiones de Estados Unidos e inunda, aun más, el mercado americano con sus productos. China, sencillamente, no puede permitirse el lujo de una crisis grave de relaciones con Washington. La inteligente integración de China en la economía mundial, con sus propias recetas, le ha dado al país su potencia actual, pero al mismo tiempo impone contención. Por eso China, si es que tiene una sola voz, no ha dicho lo que piensa en voz alta sobre la actual crisis.

Naturalmente, como Rusia, China ha expresado su solidaridad con América y su condena a la barbarie. Lo demás ha sido en voz baja. Por ejemplo, una nota de su ministerio de exteriores, añadía a lo dicho que, "tenemos razones (propias) para pedir a Estados Unidos apoyo y comprensión en la lucha contra el terrorismo y el separatismo". Lo del terrorismo iba por la región autónoma del Xinjiang, donde esporádicamente actúa la reivindicación nacional uigur, a veces con métodos violentos que son comprendidos o ignorados por Washington. Lo del separatismo iba por Taiwán, la "provincia rebelde" que Estados Unidos arma y sostiene.

En la calle, como en Rusia, se debe haber sentido sinceramente la barbaridad de los atentados. A ello debe contribuir el hecho de que entre las víctimas de las torres gemelas se cuenten varias decenas de ciudadanos chinos. Al mismo tiempo, eso no debe haber impedido recordar recientes agravios como el bombardeo "accidental" de la embajada china en Belgrado de 1999, con tres periodistas chinos muertos, y la humillante colisión de un avión espía americano con un caza chino, cuyo piloto murió, sobre el cielo de Hainan, el pasado abril.

Como potencia mundial en vías de desarrollo, un estatuto bien conocido en Rusia, China no está de acuerdo con el esquema hegemónico americano, que, "ignora los principios de la ley internacional y lanza ataques militares o produce violencia bajo el pretexto del antiterrorismo, vulnerando la soberanía de otros países". "La injusticia del orden político y económico internacional", "agrava el terrorismo y la violencia". Todo eso lo dijo el lunes pasado un alto funcionario del Ministerio de Seguridad (Xue Dongzheng) en Pekín. Fue en un acto cerrado a periodistas, pero la declaración fue filtrada, informó Reuters. Eso es, en lenguaje diplomático, hablar en voz baja.

Lo demás dependerá del desarrollo de los acontecimientos. Geopolíticamente, a China no le gusta una Otan, "de Canadá a Kazajstán" (la nueva zona de influencia de la Alianza, según la nueva doctrina). Pekín quiere paz y petróleo en el norte (Rusia y Corea) y estabilidad en el oeste, para dirigir sus esfuerzos hacia el sur y el este, donde esta Taiwan y los pleitos territoriales. La pregunta es si la actual crisis, con posibles operativos americanos en Asia Central, podría llegar a afectar este esquema. Tanto Rusia y China lideran el llamado "sexteto de Shanhai", el club de que mantinen con cuatro repúblicas centroasiáticas ex soviéticas, que incluye asuntos de segurtidad regional. Todo eso podría moverse ahora sensiblemente en el contexto del operativo entorno a Afganistán. Si llega el caso, China no será, en todo caso, la primera en vociferar.



Portada | Iberoamérica | Internacional | Derechos Humanos | Cultura | Ecología | Economía | Sociedad | Ciencia y tecnología | Directorio | Redacción