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| 7 de junio del 2001 |
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El increíble poder del café
Enildo Iglesias
No es un alimento básico, la dieta humana puede prescindir de él sin ninguna consecuencia para la salud o la alimentación, sin embargo desde hace mucho tiempo tiene un poder económico y político extraordinario. Las consecuencias de este poder -especialmente las sociales- resultan también extraordinarias, a la par que dolorosas. Estamos hablando del café.
Existen quienes aseguran tener la capacidad de leer el futuro en la borra del café. Pero cualquier observador medianamente informado podrá obtener una verdadera lección de política -especialmente sobre aquella que rige el mundo de hoy- reflexionando frente a una humeante taza de la bebida. De los casi US$ 55.000 millones que cada año genera el comercio del café, solamente un 15 por ciento, es decir, US$ 8.000 millones llega a las manos de los productores. Por su parte, la organización no gubernamental Oxfam estima que los productores sólo reciben el 7% de lo que paga el consumidor final. Este y otros datos surgieron de la conferencia mundial del sector que acaba de celebrarse en Londres. Uno de los participantes en dicha conferencia fue Howard Schultz, el multimillonario presidente de la compañía americana de cafés Starbucks, que gana casi US$ 3 en una taza de café y que ha visto como sus ganancias se multiplicaban por tres en los últimos cinco años. Aquel observador que imaginábamos anteriormente, encontrará aquí una primera conclusión. El café -como la mayoría de los productos primarios, especialmente los provenientes de la agricultura- marca una frontera entre los países ricos y pobres, donde los primeros captan enormes ganancias con el procesamiento y la distribución, y los segundos magros -y siempre inciertos- ingresos por sus cultivos. Agravando esta situación, los cambios tecnológicos y los patrones de consumo han fortalecido la posición de los países industrializados, cuya participación en la exportación o reexportación hacia otros mercados de cafés tostados y cafés solubles, desplaza las exportaciones de los países productores. Un buen ejemplo de lo anteriormente afirmado lo encontramos en Alemania, país que en 1999 importó 13 millones de sacos de café en grano a bajos precios y exportó cuatro millones procesado en la forma tostada y soluble, con valor agregado. Mientras, por ejemplo Brasil, vio reducidas en alrededor de 40% sus exportaciones a Europa debido a que ésta impone un arancel de 9,5% al café soluble brasileño. Otra conclusión evidente son las consecuencias del modelo de producción vigente, en el cual todo producto se convierte en una mercadería destinada a obtener una ganancia. Esta característica del modelo de acumulación capitalista lleva a una producción descontrolada, que ni siquiera se compadece con la demanda. Esto sucede también con el café. Este año la producción mundial del grano se estima en 112 millones de sacos de 60 kilos, mientras tradicionalmente sobra el 10 por ciento del café que se produce. La Asociación de Países Productores de Café (APPC), estableció hace años un plan de retención de las exportaciones, el cual permitió guardar 7,4 millones de sacos. Pero como cuando de negocios se trata el cumplimiento de los pactos es relativo, mientras países como Brasil, Colombia y Costa Rica, cumplieron con la retención otros, como Indonesia, Costa de Marfil y Vietnam no lo han hecho o la cumplieron parcialmente. Como en este juego el que no corre vuela, la Asociación Vietnamita de Productores de Café y Cacao anunció que sacará al mercado 60.000 toneladas de café, equivalentes a un millón de sacos, que tenía retenidos según el acuerdo de los países productores como forma de impulsar los precios. Vietnam (que no integra la APPC) desplazó a Colombia como segundo productor del grano, detrás de Brasil. Los participantes en la conferencia de Londres, incapaces de atacar los problemas de fondo, le dan vueltas a posibles soluciones parciales que nada solucionarán. Fundamentalmente son tres: el mantenimiento de la retención -se mencionó el 20%- de las exportaciones, la eliminación del mercado del café de mala calidad -medida que eliminaría aproximadamente 5% de la producción de cada país- y, un sistema de cuotas como el que existió en los años 80. Nuestro imaginario observador necesitará otra taza de café para digerir las "soluciones" propuestas. En primer lugar, ¿para qué producir algo que luego no se venderá? (Como veremos más adelante en Guatemala ya pensaron en esto). Segundo, de no ser por la actual crisis, ¿seguiríamos consumiendo café de mala calidad? Tercero, uno de los mayores problemas que enfrentan las exportaciones de productos agrícolas es el proteccionismo de los países desarrollados, impuesto por los sistemas de cuotas. Esta situación, tantas veces denunciada por otros productores de los mismos países ahora reunidos en Londres, parece no ser aplicable para el caso del café. Mientras tanto, al nivel de cada país se trata de encontrar soluciones a la "crisis del café". Veamos algunos ejemplos: Guatemala La Asociación Nacional de Café (Anacafé) prevé "una drástica reducción de US$ 254 millones por concepto de divisas para el país, debido a los bajos precios internacionales del grano, que afectarán la cosecha 2000/2001". Su presidente, Manfredo Topke, manifestó el pasado enero que "este año será muy difícil para la caficultura nacional porque el país dejará de percibir una fuerte cantidad de divisas y las predicciones son muy negativas". La cosecha alcanzará en el 2001 los 5,3 millones de sacos, los cuales se venderán a un promedio de US$ 65 cada uno, con lo cual se generarían alrededor de US$ 334 millones. Durante la cosecha anterior (1999/2000) se exportaron 6,4 millones de sacos a un precio promedio de US$ 93,5, por lo tanto la pérdida para los caficultores es grande. Es verdad que el café es el principal generador de divisas para Guatemala (35% de las exportaciones), pero de ahí a coincidir con el señor Topke que la pérdida es "para el país" hay, como veremos, un largo trecho. Anacafé decidió defender los ingresos de sus afiliados, para ello a mediados del pasado enero el señor Topke dio oficialmente inicio a una campaña publicitaria destinada a triplicar el consumo interno de café de alta calidad en un plazo de tres a cuatro años. La expectativa es que el consumo interno pase de los actuales 300 mil sacos a entre 900 mil y un millón de sacos en el referido período de tiempo. Al iniciarse la campaña, Juan José Carlos, vicepresidente de Anacafé reconoció la necesidad de mejorar el consumo de café entre los guatemaltecos, para compensar de alguna manera los desequilibrios del mercado internacional. En declaraciones a la prensa agregó que "durante años el mercado ha estado desatendido y con cafés de mala calidad, por lo que ahora queremos que los guatemaltecos consuman más café 100% puro y se aumente el consumo interno". Y también reconoció que "todos los caficultores se han dado cuenta que se vende a un mejor precio localmente". Estos planteamientos resultan valiosos pues ponen de manifiesto que, de no existir los actuales desequilibrios del mercado internacional, los guatemaltecos seguirían consumiendo café de dudosa calidad y pagando por el mismo un precio mayor que aquel de buena calidad destinado a la exportación. Es interesante comprobar la capacidad que los dirigentes de Anacafé tienen para dejar de lado a los consumidores en su concepto de país. Para que el consumo interno de café se triplique en Guatemala, obviamente es necesario que las clases populares incidan en este aumento. Para que ello suceda ¿Anacafé defiende también un aumento del poder adquisitivo de los salarios que los guatemaltecos perciben? No hemos recibido ninguna noticia que este punto figure dentro de la campaña publicitaria iniciada en enero. Pero veamos como andan las cosas por casa. Según datos de la propia Anacafé, en Guatemala existen 60 mil productores del grano, de los cuales el 80% son pequeños productores, y en total la actividad genera 750 mil puestos de trabajo. Obviamente que los trabajadores del café no se encuentran organizados sindicalmente, pues resulta imposible organizar 60 mil sindicatos (uno para cada finca existente). La consecuencia es que, salvo algunas excepciones, las condiciones de trabajo y salariales de la mayoría de estas 750 mil personas son de verdadera explotación. En el pasado, la UITA le propuso a Anacafé discutir un convenio mínimo que norme las condiciones salariales y de trabajo en las fincas de café... no fue posible. La actual crisis del sector y la preocupación por "el país" manifestada por los actuales dirigentes de Anacafé ¿les habrán hecho cambiar de opinión? La anterior es una pregunta que habrá que formularle a Anacafé, pero quien escribe estas líneas tuvo oportunidad de participar con nuestro afiliado SITRABI en las negociaciones del convenio colectivo para las fincas bananeras en Itzabal adquiridas por el señor Topke y salvo que en el lapso de un año su mentalidad haya cambiado radicalmente, nos imaginamos la respuesta a recibir. A todo esto, lamentablemente Anacafé ya tiene que lamentar la muerte de uno de sus miembros: hace pocos días el productor Roberto Perret se suicidó con un tiro en la sien y sus familiares manifestaron que el finquero (establecido en la zona de Quetzaltenango), se encontraba en un estado de suma depresión porque los bancos le exigían el pago de préstamos realizados y sus empleados le demandaban el pago de sus salarios de varios meses. Colombia El pasado febrero los productores colombianos de café manifestaron que podrían declararse en bancarrota, debido a que el precio de sustentación del producto que pagan las autoridades está casi 20% debajo de los costos de producción. El precio promedio que la Federación Nacional de Cafeteros paga a los productores es de US$ 133 por carga de 125 kilos, mientras los productores aseguran que los costos de producción rondan, como mínimo, los US$ 160. Colombia producirá este año 12 millones de sacos del grano, proveniente de casi un millón de hectáreas cultivadas, de las cuales subsisten unas 500 mil familias. En el mismo mes de febrero, el precio del grano colombiano en los mercados de Nueva York era de 73 centavos de dólar la libra, mientras que según los productores locales el precio mínimo debería ser de un dólar para que la producción comience a ser rentable. Un colapso en la producción de café crearía -especialmente para decenas de miles de campesinos ya martirizados por la inseguridad y la violencia- una situación social de imprevisibles consecuencias. Una situación social igualmente grave ocurriría en todos los países productores del grano en nuestra región, basta recordar que en Brasil la caficulltura ocupa directamente alrededor de cuatro millones de personas. El vuelo de los buitres Toda crisis es una oportunidad. Tal parece ser el pensamiento de algunas compañías que pretenden extraer provecho de la crisis del café. Simultáneamente con el agravamiento de la crisis, muchos productores buscaron desesperadamente abatir sus costos. Entonces se les ofreció un arma química (que en Colombia comenzó a utilizarse en 1992) para exterminar la broca, insecto que ataca a las plantas de café y que apareció en Colombia en 1988. Se trata del Endosulfán (Thiodán o Thionil por su nombre comercial) un insecticida obtenido de la mezcla de cloro, carbono, hidrógeno, oxígeno y azufre. El Endosulfán resulta letal para las plagas de los cultivos, pero también lo es para los humanos y los animales, pudiendo afectar al medio ambiente al contaminar el agua. El precio en Colombia de este veneno es equivalente a 10 dólares el litro, precio que los medianos y grandes cafeteros consideran "favorable". Centenares de campesinos sufrieron los efectos del veneno, que en algunos casos provocó la muerte. También el Endosulfán es utilizado (al igual que en Guatemala) por los campesinos o miembros de su familia que quieren suicidarse. Pero el caso más patético y significativo fue el de una menor de dos años que falleció luego que sus padres fumigaran su residencia, esto significa que la víctima no manipulaba la sustancia sino que su muerte se produjo por la presencia del Endosulfán en el ambiente. Además de las consecuencias para la salud y el medio ambiente, el producto trajo otra consecuencia: algunos países importadores han devuelto sacos al haber hallado restos del insecticida en los granos. Frente a esta situación en enero de 1995 el Ministerio de Salud prohibió el Endosulfan, pero como a esta prohibición no se le dio publicidad y ninguna autoridad se encargó de velar por su cumplimiento, el producto siguió vendiéndose libremente. Luego de que un agricultor entablara un juicio ese mismo año y el caso se paseara por distintas dependencias, el Ministerio de Salud autorizó el uso del veneno únicamente en el café. La compañía productora apeló esta resolución ante el Consejo de Estado y el resultado fue que con fecha 23 de marzo de 2001 el Consejo de Estado resolvió suspender el uso del insecticida en todos los cultivos. Sin embargo, todavía el Endosulfan se consigue en el mercado. Como señalábamos anteriormente, el litro de Endosulfan en Colombia cuesta el equivalente a US$ 10 y se requiere 1,7 litros del insecticida por hectárea, lo cual da una clara idea del jugoso mercado que representa para la compañía que elabora el producto. Pero además, la compañía (que en Colombia emplea 800 personas) entiende que el fallo la perjudica, aduciendo que posee una fábrica en Cartagena, en la cual piensa invertir US$ 2 millones para aumentar la producción a casi 36 mil toneladas y las exportaciones a US$ 65 millones este año y a US$ 100 millones en 2002 a Centroamérica, la Comunidad Andina y México. La transnacional cerró todas sus fábricas en América Latina decidiendo mantener y fortalecer solamente la que posee en Portão, Brasil y la de Cartagena. La compañía en cuestión pertenece al grupo Aventis y se denomina Aventis CropScience Colombia. Pero hay más: ahora se anuncia la aparición de una variedad de café transgénico. La advertencia proviene de un informe de Action Aid (una ONG británica), según el cual la compañía estadounidense Integrated Cofee Technologies está desarrollando un proceso destinado a manejar a voluntad el proceso de maduración del café. El proceso se consigue con el compuesto químico etileno y producirá enormes ganancias a los grandes productores que podrán cosechar mecánicamente los granos al madurar estos simultáneamente. Paralelamente, los pequeños productores (70% de las plantaciones de café en el mundo) que recogen su café manualmente desaparecerán. Pese a ejemplos como este, todavía se nos pretende convencer que los transgénicos terminarán con el hambre en el mundo. Por último. Cinco investigadores, cuatro japoneses y un británico, en un informe publicado por la revista Nature anuncian que han conseguido (en hojas de té) encontrar el gen responsable de la cafeína del café y del té. Este es el primer paso, dicen, para la posibilidad de crear plantas transgénicas descafeinadas naturalmente y que tal "adelanto" estará disponible dentro de cinco años. ¡Qué importante! Dentro de poco se construirán aviones que tendrán la capacidad de nunca despegar del suelo, o máscaras especiales que permitirán fumar mientras se practica la pesca submarina. A este tipo de disparates le llaman "avance de la ciencia" y quien se oponga a los mismos será calificado por los voceros de las compañías transnacionales y sus científicos a sueldo, de retrógrado. Si seguimos por este camino, los guatemaltecos del futuro añorarán la época cuando consumían café de baja calidad porque el bueno se exportaba. |
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