La insignia
15 de febrero del 2001


Palabras como minas


Berna Wang


Para Claudia S., por ayudarme a mirar.

Nos están robando el significado de las palabras, convirtiéndolas en minas que estallan a nuestro paso. Digo inadvertidamente indio y la metralla se me incrusta en la carne. Digo sin pensar negro y la explosión me hace pedazos una mano. Digo subnormal, inválido, femenino, y las sucesivas ondas me elevan y me tumban, como un muñeco cada vez más descoyuntado y roto.

Ellos las abrieron a cuchillo y las cargaron de desprecio; y nosotros las aceptamos como insultos, obedientes y sumisos, y así quedaron: minadas.

Ya no puedo caminar despreocupada y maravillarme; correr, detenerme, probarlas y elegir riendo cuál me gusta más, cuáles voy a regalar; el campo está minado. Y cada día hay más minas. Ellos siguen abriendo a cuchillo las palabras que nosotros, sumisos y obedientes, buscamos para sustituir a las palabras minadas. Pronto, dentro de un momento tal vez, afroamericano, indígena, Down, discapacitado y mujer serán también peligrosas y estallarán bajo nuestros pies. Y dejaremos de usarlas para no hacer daño y para no hacernos daño. Buscaremos otras para sustituirlas. Y ellos volverán a sacar el cuchillo y a abrirlas y a cargarlas de desprecio.

¿Tendré que desviar mis pasos del campo minado para ir a pasear por un parque lleno de flores de plástico? ¿O tendré que caminar de puntillas, zigzagueando vergonzosamente, y aprender, y enseñar a mi hijo, a no pisar aquí, ni allá, ni allá tampoco? ¿Renunciaremos, una a una, a todas nuestras palabras, hasta que no nos quede ninguna? ¿Vamos a dejar que nos las roben impunemente? ¿A implorarles que no nos las quiten?

Ojalá podamos algún día dejar de ser obedientes y sumisos e intentemos cambiar todo lo que nos duele de la realidad: rebelarnos contra ese cielo que nos hiere, sin despegar los pies del suelo. Y ojalá nos hagamos alguna vez lo bastante fuertes para desactivar las minas y recuperar nuestras palabras. Nos acercaríamos a ellas sin miedo, y volveríamos a usar las palabras con su primer significado, limpias del venenoso explosivo que ellos, los que mandan, les metieron dentro.



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