La insignia
2 de enero del 2001


Circulación de ideas y tráfico de cibernautas a finales del siglo XX


Naief Yehya
La Jornada Semanal, suplemento de La jornada. México, diciembre del 2000.


Ética e ideas

En un controvertido artículo publicado en la revista Wired (octubre de 2000), John Perry Barlow, ex integrante de la celebrada y singular banda Grateful Dead y cofundador de Electronic Frontier Foundation, escribió: "Yo creo que ante la práctica ausencia de la ley, la ética va a tener un importante regreso en la red." En su artículo, Barlow explora la revolución que desató Napster, el sitio de internet que permite a sus suscriptores intercambiar archivos de música en el formato MP3. Napster puso en evidencia que el viejo orden de la protección del trabajo intelectual creado en el siglo xviii es hoy obsoleto. Las ideas no son objetos que debemos guardar en una caja fuerte sino que, por el contrario, nada mejor puede sucederle a las ideas que volverse infecciosas para poder contaminar al mayor número de mentes posible. Si algo ha puesto en evidencia la popularización de la red es precisamente la noción de que no hay un límite para el consumo de ideas y que paradójicamente un sistema superabundante de información, entretenimiento, consumo y educación a bajo costo y acceso inmediato como el que ofrece internet, no ha eliminado ni sustituido a otros medios, sino que por el contrario los ha enriquecido y fortalecido, de manera semejante a la forma en que la videocasetera no puso en peligro la supervivencia del cine, sino que ha estimulado la cinefilia y ha generado ingresos inmensos para la industria fílmica.


La liberación de los autores

Lo indudable es que la red sigue siendo un territorio desconocido y extraño en el que las leyes del "carnespacio" no operan como se espera. Un ejemplo interesante fue el reciente fracaso del superprolífico autor megabestselleriano, Stephen King, quien quiso servirse de la red para iniciar una guerra de liberación en contra de las editoriales. En junio pasado King lanzó sin ayuda de su editor una novela por entregas en su página web para ser vendida directamente al público. The Plant cuenta la historia de una enredadera maléfica que aterroriza una editorial. La historia es una obvia metáfora de la red y la industria tradicional del libro con la que el novelista pensaba declararle la guerra al proceso convencional de publicar. King estableció que publicaría los capítulos de la historia para ser bajados a cambio del pago voluntario de un dólar por cada lector. Para que la historia continuara, por lo menos setenta y cinco por ciento de los lectores debía pagar. Este mes King anunció que suspendería The Plant, ya que debía consagrase a escribir otras novelas tradicionales. El novelista no mencionó que el número de lectores de The Plant había caído de 120 mil a menos de cuarenta mil ni que sólo cuarenta y seis por ciento de ellos había pagado. En cualquier caso, el libro electrónico de King superó por mucho las ventas de los libros electrónicos más exitosos, que en el mejor de los casos venden menos de diez mil copias. La excepción sería la novela Riding the Bullet, también de King, que publicó Simon & Schuster como libro electrónico y vendió más de 500 mil ejemplares.


Más sobre la catástrofe de las empresas de internet

El año 2000 termina con la lúgubre sospecha de que la utopía de bienestar y riqueza que prometían las nuevas tecnologías digitales se ha desvanecido. Tras meses de crecimiento impresionante, cientos de empresas de la nueva economía digital quebraron en cuestión de semanas, dejando tras ellas una cauda de deudas impagables e inversionistas devastados. Hablamos del mercado de los "punto coms" o "dot coms", empresas de internet o compañías que proveen algún tipo de servicios o venden productos mediante la red. Rara vez estas compañías eran rentables pero lograban fascinar al público por la promesa de su potencial. El ejemplo más interesante es Amazon, cuyas acciones aumentan de precio a pesar de que las pérdidas de la empresa van en aumento. Durante el clímax del frenesí de los "dot coms", que tuvo lugar este año, docenas de empresas lograron valuarse en miles de millones de dólares, en lo que parecía un glorioso futuro para compañías como pets.com, Freeinternet.com o Living.com. Pero éstas agotaron sus recursos y se evaporaron. Muchas otras empresas irán desapareciendo en la medida en que se les vaya agotando el capital. Por ejemplo, las acciones de DoubleClick, el gigante de la publicidad en internet, valían 135,25 dólares en enero; a inicios de diciembre valían sólo doce. Tan sólo en octubre pasado, se perdieron alrededor de seis mil empleos en esta área. Hay que tomar en cuenta que para las muchas empresas que hoy están tratando de liquidar sus propiedades, uno de los bienes más valiosos es nada menos que la base de datos de sus clientes, de manera que la información privada de millones de usuarios y consumidores cambiará de manos y será usada para los más diversos e inesperados fines.



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